viernes, 21 de febrero de 2014

En habiendo vino, aceite y manteca de cerdo, media botica tenemos

Nuestro bosque mediterráneo y sus especies arbóreas del género Quercus, es la base ecológica de las actuales dehesas, por la interacción cerdo-bosque, y ha influido decisivamente en la diferenciación de la raza del Cerdo Ibérico, surgiendo así el binomio cerdo ibérico-bellota. Ya en época de dominación romana, Marco Terencio Varron, en el primer siglo antes de Jesucristo, destacaba en su obra “Rerum rusticarum libri III” el gran tamaño de los cerdos criados por los lusitanos, considerados una raza especial por Tito Livio.
Por otro lado,  Cayo Plinio, en el primer siglo de nuestra era, hablaba de la importancia de la bellota en la crianza de estos cerdos, que estaban criados sueltos por el encinar aprovechando sus recursos. Afirmaba Plinio que las bellotas no sólo los engordaban sino que les conferían un mejor sabor a sus carnes. Ésta es una de las primeras referencias que aluden al sistema de engorde en montanera característico del cerdo ibérico y que sigue hoy.

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